postimg
Sep 2010 06

Por estos días ando melancólico. Cuando eso pasa, lo normal es arrancar de raíz cualquier posibilidad de sentir cosas que no sean optimistas o que no miren adelante. Pero lo que haré es otra cosa. Voy a darle sentido a esa nostalgia, como si se pudiera, para que quepa dentro del futuro que siempre intento contarte. Se trata de esto, básicamente. De contarte un cuento sobre la tristeza de los robots.

De los que estábamos entonces seguimos estando casi todos, aunque no en el mismo sitio. Todavía coincidimos en otras cosas, más de tiempo que de espacio, como en la perseverancia que hemos tenido para evolucionar en una suerte de humanoides sin ciudadanía, tan cargados de periféricos como para que cualquiera que nos mire no pueda discernir con claridad si somos biónicos o no.
Es que mis amigos pertenecen a una especie compleja de organismo mutante. Los más afortunados son nómadas y han ido asentándose en distintas partes del globo, camuflándose como artistas, músicos, cineastas, fotógrafos y actores, materializando el plan de conquistar el mundo que tuvimos alguna vez, ese del que hablábamos cuando bailábamos juntos y agitábamos los brazos y creíamos que no había mañana. Hoy están en Madrid, Londres, Miami, Barcelona, Roma, Los Ángeles, Buenos Aires, Ciudad de México, Toronto o Nueva York. Y hay otros que siguen atrapados aquí, aunque todavía no pierden las esperanzas de huir, alterando sus identidades en Internet, con prótesis blackberrísticas y dándole sobremarcha al cuerpo. Creando, intentando, reformateándose, rebautizándose como habitantes de un país en constante fuga, sobreviviendo a mil por segundo en un Caribe que no los deja avanzar por completo.
En los últimos diez años, casi un millón de jóvenes se ha ido de Venezuela en busca de nuevos proyectos de vida, ahuyentados por la inseguridad, la violencia, el desempleo, los bajos salarios y la falta de oportunidades.
Son robots que andan sueltos, la diáspora cibernética de un país que se clava en el primer mundo con las uñas y que a veces lo logra. Esos que lo logran son nuestra última esperanza. El resto todavía no lo consigue, pero sigue intentándolo, a pesar del óxido socialista y otras promesas sin cumplir. Son robots tristes que sobreviven como pueden a los sueños rotos. Pero que ahí siguen. Robots a los que les duele recordar un futuro que todavía no alcanzan. Robots que por ahora necesitan seguir siendo robots para no rendirse cuando laten demasiado sus corazones mecánicos.

#postdata se publica todos los domingos en la revista Dominical encartada en Últimas Noticias.

5 Comentarios

  1. Marysabel says:

    Me duele.

  2. Doub says:

    Lo que duele es que es cierto.

  3. Adry Wanderlinder says:

    La decadencia de las almas de concreto
    En una urbe vestida de gris se observa el movimiento de cadáveres andantes con las miradas disipadas. Se podría pensar que su aspecto distraído guarda una profundidad pero en realidad se debe a la constante búsqueda de la identidad entre tantos deseos fútiles. Cual hormigas transitan por parajes demarcados y se olvidan de que más allá de los bloques de concreto existe un fuerte natural e imponente de vida. ¡Tanta vida se ha perdido entre la naturaleza muerta de las construcciones humanas!
    Un olor penetrante inunda la ciudad. Es el olor de lo que está muerto y vacuo. Cada día se pierden vidas entre los callejones de esta extraña ciudad de ultratumba. Pero, ¿para qué llorar la muerte de lo que ya ha fallecido? Sus lágrimas de silicón intentan engañan al colectivo. Cada vez se observan menos sonrisas genuinas. Entre todo lo mate, el cielo sigue siendo azul, la luz continúa con su intensidad pero ya sus ojos no son capaces de notarlo porque las almas en su parsimonioso andar se dirigen hacia su extinción.

    El Viernes, 27 de agosto de 2010 a las 15:06

  4. yoli parra says:

    Coincido con el segundo comentario….”Lo que duele es q sea cierto” –> Ya la gran mayoria de humanos son humanoides!

  5. elpeluo says:

    brother….. simplemente GENIAL…. siempre es un placer leer las vainas que escribes…. aguante saludos desde las entrañas podridas de nuestro país…

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